Rajoy derogará el Matrimonio Homosexual, aun cuando el Constitucional rechace el recurso del PP

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Rajoy derogará el Matrimonio Homosexual, aun cuando el Constitucional rechace el recurso del PP

Mariano Rajoy

Nosotros también estamos sobrecogidos. ©Partido Popular

[BlogMensGo, 2 de noviembre de 2010]. En una soberbia entrevista de 5 páginas en la edición de El País del pasado domingo, hemos podido saber –de la mano de Javier Moreno: insigne maestro del fórceps periodístico– que Mariano Rajoy meterá mano, sí o sí, a la Ley del matrimonio entre personas del mismo sexo, aun en el caso de que el Tribunal Constitucional refute el recurso que el propio PP interpuso contra la ley en 2005. Es decir, que si Rajoy se instala en la Moncloa, derogará –parcial o íntegramente– dicha ley, aun cuando la máxima instancia en materia de derechos y libertades de los españoles certifique que es plenamente válida, fundada y ajustada a la Constitución.

Ante las dos primeras preguntas sobre esta cuestión, Rajoy trata de sugerir que su rechazo a la ley es una pura cuestión de vocabulario: “Yo escucharé muy atentamente los argumentos del Tribunal Constitucional, pero mi discrepancia está en el asunto del nombre de matrimonio”… “Escucharé al Constitucional y a la gente, pero no me gusta lo del matrimonio, y creo que no es constitucional”. Pero a la tercera pregunta de Moreno (“Si el Constitucional la avala, ¿usted se compromete a mantenerla, o no?”), Rajoy abandona su proverbial ambigüedad –recordemos, tan sólo en esta materia específica, su famoso “Si mi hijo fuera homosexual, asistiría a su boda, pero le aconsejaría una unión de hecho” en Tengo una pregunta para usted, año 2007– y responde con un único y categórico: “No”.

Las reacciones de indignación de los colectivos LGTB no se han hecho esperar. La FELGTB señala en un comunicado de prensa que estas declaraciones muestran "la verdadera cara" de Rajoy, y que por fin se ha "desenmascarado" la homofobia que subyace en el PP. Por boca de su presidente, Antonio Poveda, la FELGTB recalca que “Rajoy ha puesto de manifiesto que su oposición a la ley de matrimonio no era una cuestión de constitucionalidad como venían manifestando sus dirigentes, sino una cuestión ideológica en contra de los derechos de nuestras familias”.

Por su parte, Fundación Triángulo, en un duro comunicado, ha expresado su “máximo repudio” hacia las palabras de Rajoy. Su presidente, Miguel Ángel Sánchez, afirma: “Eso demuestra que siguen siendo los mismos de siempre, la derecha que sólo sabe imponer su rancia moral y quitar derechos a las personas gais y lesbianas (…) No son el centro, son la derecha controlada por la jerarquía eclesial. Mariano Rajoy aprovecha que puede ganar por la crisis económica para volver a intentar imponer la moral de su religión a todos los ciudadanos”. Sánchez añade que “estamos convencidos que la ciudadanía española no va a permitir que el partido conservador elimine derechos de una parte de los ciudadanos. Fundación Triángulo, desde luego, estará enfrente defendiendo a nuestras familias”.

……………..

[Comentario: ¿Una pura cuestión semántica? Aun cuando el problema radicase exclusivamente en cambiar el término “matrimonio” por “unión” (que en absoluto es el caso: Rajoy nada comenta en esta entrevista de su firme intención de suprimir la adopción homoparental), en este país somos decenas de miles los lingüistas, sociólogos, antropólogos y psicólogos con una cualificación bastante más sólida que la del señor Rajoy para razonar sobre esta cuestión.

En primer lugar, un argumento de cultura general: el matrimonio (palabra antiquísima en latín y, a la vez, concepto jurídico que hemos heredado del derecho romano, por tanto previa al cristianismo en todos los aspectos) no es una invención católica: existen ceremonias de enlaces con vocación de posteridad y/o reproducción –cierto es, normalmente entre hombre y mujer– en todas las culturas desde la noche de los tiempos. Así que la Iglesia no está legitimada para conspirar en este asunto: ¿No está ya absolutamente arraigado en este país, en sus leyes y en sus costumbres, el “matrimonio civil” –en el cual se engloba, por cierto, el tema en discusión–. ¿No hay algo menos religioso que un matrimonio civil, realidad que existe desde 1870? ¿Qué hace, de nuevo, la religión –transmutada en Rajoy– hablando de nuestros afectos, metida en nuestra casa, en nuestra cama?

En segundo lugar, una reflexión en dos terrenos incluso más relevantes –y esclarecedores– que el anterior: la semiótica y la psicología. Sabemos que las palabras revelan, las etiquetas denotan, las inscripciones advierten. Los nombres nos remiten constantemente a realidades tangibles –tangibles con las manos o con la mente, pero siempre tangibles–. Hay una brutal diferencia entre un ciudadano que se puede “casar” y un ciudadano que se puede “unir”. Al segundo, la psicología colectiva (en la que todos participamos, en mayor o menor grado, de manera consciente o inconsciente, en cada segundo de nuestra vida) le otorga un rango de ciudadanía menor que al primero. El segundo, si recibe otro nombre, y si además es desprovisto de alguna de las libertades de las que goza el primero, pasa automáticamente a un estado de relegación social con respecto al otro. Así de sencillo. Si te quitan el nombre, tu naturaleza se agrieta, tu dignidad se evapora. Si te roban el nombre, te roban tus derechos.]

Carzam/ MensGo

(vía toda la prensa, especialmente El País del 31-10 y El Periódico del 01-11-2010)

0 Respuestas

  1. […] del Constitucional [para evaluar el valor de la palabra de un buen político, basta sólo leer nuestro artículo del 02-11-2010, en el que afirma justo lo contrario]. El resto de partidos parlamentarios y, ante todo, un […]

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