Cuando Estados Unidos acepta (un poco) mejor la transidentidad

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Cuando Estados Unidos acepta (un poco) mejor la transidentidad

[blogMensGo, blog gay del 21-03-2014]. Cuatro clínicas estadounidenses se han especializado en cuestiones de género y de sexualidad infantil y juvenil. Atienden a personas transexuales, transgénero, intersexuales, hermafroditas, etc. Es decir, personas para las que la adecuación al género biológico supone algún tipo de problema.

Por una vez nos limitaremos a mencionar, sin agotar demasiado el tema, el excelente estudio que la periodista Natacha Tatu dedica a la aceptación (o no) y a la atención clínica de niños y adolescentes con mayores o menores desajustes con respecto a sus atributos sexuales de nacimiento.

El estudio muestra que cuatro establecimientos hospitalarios atienden a estas personas en Estados Unidos. Esos cuatro establecimientos comparten varias características: son pioneros en la materia, escuchan sin juzgar, atienden y acompañan sin intentar cuidar o “curar” a sus “pacientes”, no les consideran “enfermos”, proponen enfoques multidisciplinares, defienden un discurso abierto, tolerante, militante… y están convencidos de que su gestión es rentable a efectos financieros.

Existía el punto G. Ahora existe el “doctor G”. Es el apodo del doctor Robert Garofalo, que ha creado en el Lurie Children’s Hospital un servicio destinado especialmente a niños y adolescentes que sienten una incompatibilidad entre su sexo biológico y su identidad. Este servicio tan particular atiende a 75 pacientes cuya edad va desde los 3 años hasta el final de la adolescencia.

Servicio particular también por la personalidad de su director, Rob Garofalo, que se expresa aquí debajo:

Un servicio necesario, ya que es grande el sufrimiento de los niños, a veces en su fuero interno, con frecuencia en las relaciones con sus padres (que ellos mismos sufren) y casi siempre en sus relaciones con el mundo exterior. La gente del exterior se apresura a juzgar, en el mejor de los casos con una sonrisa compasiva; en el peor, con una condena intransigente.

Cuantas más partes interesadas existen, más complicado se vuelve. Al igual que un equipo nacional de fútbol tiene tantos entrenadores como habitantes, cada persona del entorno se cree con la capacidad de dar consejos más o menos idiotas y desestabilizadores. El común de los mortales considera anormal a toda persona que no se ubique dentro de las opciones de su razonamiento binario.

La cosa se complica más aún cuando la gente, queriendo obrar bien, mezcla todos los conceptos: homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, enfermedad mental, obsesión sexual, cuando no pedofilia y zoofilia.

Este embrollo puede tener consecuencias dramáticas cuando los charlatanes, con el pretexto de que son médicos, psiquiatras o psicoanalistas, se creen con el deber de diagnosticar enfermedades donde no las hay, y de “curar” mediante tratamientos cuyo principio activo es el mismo que el del billete verde.

El resultado es un malestar frecuente entre los jóvenes, que no consiguen poner un nombre a su “caso” ni vivir en una relación de armonía con su cuerpo y con su entorno. Juventud es sinónimo de exacerbación, generadora de comportamientos de riesgo, de depresión y de suicidio en proporciones muy superiores a la media estadística de su edad.

Algunos de estos comportamientos de riesgo se traducen en una mayor exposición al VIH/sida. De este modo el “doctor G”, especialista en la lucha contra el sida, ha visto desfilar a innumerables transgénero infectados de VIH.

El reportaje de Natacha Tatu es emocionante, incluso conmovedor. Preferimos que se lea antes que copiar los ejemplos que allí aparecen. La periodista termina con una nota de optimismo citando la reciente iniciativa de Facebook a favor de la diversidad de denominaciones.

Natacha Tatu afirma que los estadounidenses se muestran mucho más abiertos que los franceses en cuestiones de “disforia de género” (antiguamente llamado “problemas de identidad sexual” y considerado una enfermedad). Nosotros somos escépticos respecto a esa cuestión, incluso aunque iniciativas como la de Facebook o como el vídeo de presentación del “doctor G” sean una excepción a este lado del Atlántico.

¿Estados Unidos, un paraíso para los transexuales? En todo caso podemos considerar al país de Barack Obama más abierto al cambio y a la diversidad de género (cf. nuestro artículo sobre California y la transidentidad). El país de George Bush está también más impregnado de moralismo limitado y de religiosidad de dos neuronas. Admitimos que Estados Unidos sea el doble de abierto que países como Francia o Italia. Eso quiere decir que, si Francia presenta mil dificultades para las personas trans, en Estados Unidos existen dos veces menos; es decir, quinientas. Como decía Einstein, todo es relativo.

Philca & carram / MensGo
(vía NouvelObs.com del 09-03-2014)

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