Los adolescentes estadounidenses que contradicen su orientación sexual tienen un riesgo de suicidio un 70 % más elevado

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Los adolescentes estadounidenses que contradicen su orientación sexual tienen un riesgo de suicidio un 70 % más elevado

[blogMensGo, blog gay del 27-03-2018] Ya sean homosexuales o heterosexuales, los adolescentes estadounidenses cuya orientación sexual es contradictoria a las apariencias presentan un riesgo de suicidio del 46,3 % frente al 22,4 % en aquellos cuya sexualidad se corresponde con su orientación sexual. Tras la ponderación y la rectificación estadísticas, los adolescentes con una « discordancia de la orientación sexual » son un 70 % más susceptibles de tener ideas o intentos de suicidio que sus homólogos cuyo comportamiento sexual está conforme a su orientación sexual. Esas son las conclusiones de un estudio realizado por investigadores de los CDC (Centers for Disease Control and Prevention de Atlanta (Georgia), dirigido por Francis B. Annor y publicado por el American Journal of Preventive Medicine.

Un estudio único en su género

El perímetro del estudio

Francis Annor y su equipo han trabajado sobre un cuestionario auto realizado de 99 preguntas, cumplimentado por 15 624 alumnos de instituciones públicas y privadas en clases que van desde 3º de la E.S.O. hasta 2º de Bachillerato (es decir, según el sistema escolar local, 9th-12th grades) diseminados por los 50 estados más el Distrito de Columbia. El estudio después solo contó con una muestra de 6790 alumnos homosexuales o heterosexuales que ya hubieran tenido al menos una relación sexual.

Los investigadores de Atlanta piensan que se trata del primer estudio jamás dedicado al riesgo de suicidio entre los adolescentes estadounidenses, ya que otros estudios similares se centraban casi todos en la población general, en particular adulta. Con toda certeza, se trata del primer estudio que reduce estadísticamente la definición metodológica de orientación sexual y, además, confronta la discordancia de la orientación sexual y el riesgo de suicidio entre los adolescentes estadounidenses (detalles aquí debajo).

El cuestionario incluía dos preguntas relativas a la sexualidad y tres preguntas relativas al suicidio.
Las personas que respondieron al cuestionario debían definir su propia identidad sexual (homo, hetero o bi, no confundir por tanto con la identidad de género) y después la identidad sexual de sus compañeros actuales o pasados (ya fueran del mismo sexo, del otro sexo o de ambos sexos). La « discordancia de la orientación sexual » (sexual orientation discordance) se caracteriza por el hecho de tener una sexualidad que no se corresponde con la identidad sexual: un gay o una lesbiana que se acuesta con una persona del otro sexo o con personas de los dos sexos, o bien un heterosexual que se acuesta con personas de su mismo sexo o de los dos sexos.
El riesgo de suicidio solo se centra en los doce meses anteriores a la realización del cuestionario (en 2017) y va desde la simple idea suicida hasta la preparación de un su suicidio y el intento de suicidio.

Principales resultados

Los investigadores han trabajado según el postulado de que la orientación sexual es el resultado de tres factores: la identidad sexual (homo/hetero/bi), el comportamiento sexual y la atracción sexual. Si bien la discordancia de la orientación sexual se basa en principio en una contradicción entre dos factores, el equipo de Atlanta ha limitado dicha discordancia a una incoherencia entre la identidad sexual y el « contacto sexual ».

Entre la muestra final de 6790, en torno al 3,9 % presenta una discordancia de la orientación sexual. Pero entre el 2,2 % de los alumnos que se declaran gais o lesbianas, nada menos que el 31,9 % presenta una discordancia de la orientación sexual. Entre el 97,8 % de los que se consideran heterosexuales, solo el 3,3 % presenta una discordancia de la orientación sexual.

Las diferencias más notables se observan en el factor de riesgo de suicidio elevado. Este alto nivel de riesgo afecta más a las chicas (29,5 % de la muestra femenina) que a los chicos (18,4 % de la muestra masculina). La proporción de riesgo varía de simple a doble según se trate de homosexuales (45,9 %) o heterosexuales (22,8 %). El desglose con respecto a la discordancia de la orientación sexual acentúa aún más la diferencia, ya que el nivel de riesgo elevado afecta al 46,3 % de los individuos con discordancia y solo al 22,4 % de la muestra sin discordancia.

Dos factores parecen susceptibles de elevar el nivel de riesgo de suicidio. El primero, el acoso escolar, ya que el fuerte riesgo de suicidio acompaña al 42,2 % de las personas acosadas, es decir más del doble en comparación con las personas no acosadas (22,4 %). Entre las personas que hayan sido obligadas físicamente a mantener una relación sexual, el riesgo de suicidio elevado afecta al 51,4 % (¡una persona de cada dos!), mientras que en las personas que no hayan sufrido este tipo de acoso (en otras palabras, una violación) el riesgo afecta al 20,3 %.

Este último parámetro tiene un impacto directo en el elemento estadístico de conjunto. Si no se contabilizan los alumnos que se hayan visto forzados a mantener una relación sexual, los alumnos con discordancia de la orientación sexual presentan un riesgo de suicidio elevado un 60 % superior a aquellos alumnos que no tienen discordancia. Pero, si se incluyen aquellos discordantes que han sufrido lo que llamaríamos una violación, el índice de fuerte riesgo de suicidio es superior al 70 % en comparación a los alumnos sin discordancia.

La comparación de las estadísticas entre alumnos con y sin discordancia de la orientación sexual presenta enormes diferencias con respecto al riesgo de suicidio elevado.
En caso de acoso escolar, el fuerte riesgo de suicidio afecta al 40,2 % de los alumnos con orientación sexual concordante, pero al 80,6 % de los alumnos con orientación sexual discordante. En caso de relación sexual por la fuerza, el riesgo de suicidio elevado se establece en 49,1 % entre los alumnos concordantes y en 74,7 % entre los alumnos discordantes, es decir, respectivamente la mitad y los tres cuartos de los alumnos que hayan sufrido abuso sexual.

Conclusiones alarmantes, pero valiosas

Los autores del estudio estiman que sus estadísticas son comparables a las de estudios similares realizados sobre la población adulta. Diversas variables (depresión, alcoholismo, consumo de drogas) aparecen con más frecuencia entre las personas que presentan una discordancia de la orientación sexual y tendencias suicidas, tanto entre los adolescentes como en los estudios dedicados a los adultos. Pero los investigadores de Atlanta se limitan a constatar una simple concomitancia que hace aparecer esas tres variables, sin concluir que haya una causalidad real.

En cambio, el equipo de Francis B. Annor sugiere que los alumnos con discordancia de la orientación sexual sufren e interiorizan el peso de la discriminación y de la estigmatización sociales, incluso del rechazo. De ahí la necesidad de crear entornos más protectores y marcos escolares más inclusivos y más favorables para las minorías sexuales. Lo ideal sería, si no promover la diversidad de la orientación sexual, al menos reconocer dicha diversidad y luchar contra las discriminaciones.

Algunas debilidades metodológicas

Pecado confesado, ya perdonado

Los autores del estudio reconocen de entrada no haber tenido en cuenta el criterio de atracción sexual y por tanto haber barajado solo dos de los tres ingredientes de la orientación sexual (identidad sexual, sexo de las parejas).

Del mismo modo reconocen que sus estadísticas, al apoyarse en 2017 sobre una metodología y una demografía que datan de 2015 (corpus YRBS), son mejorables. Este mismo corpus solo incluye a estudiantes, por lo tanto no tiene en cuenta el conjunto de la población adolescente de Estados Unidos y, por tanto, podría subestimar a un subgrupo LGB (lesbianas, gais y bisexuales) susceptible de ser proporcionalmente más significativo entre los adolescentes desescolarizados.

Resulta molesto que, en un contexto estadounidense, la noción de relación sexual (sexual contact) no quede definida en el cuestionario. En un país donde un antiguo presidente afirmó, Biblia en mano, que una felación no constituía una relación sexual…

Del mismo modo, los autores reconocen haber subestimado la proporción de LGB por el simple hecho de haber eliminado todas las respuestas del tipo « no sé » a preguntas sobre la orientación sexual. Dado que los adolescentes no siempre son capaces de determinar con certeza cuál es su identidad sexual, eso constituye un sesgo, del mismo modo que el hecho de haber descartado voluntariamente los cuestionarios de alumnos que se identificaban como bisexuales.

En definitiva, Francis Annor y su equipo reconocen que el hecho de que un adolescente experimente en la adolescencia otros elementos de sexualidad que difieren de aquella a la que dicen pertenecer no es necesariamente ilógico: eso forma parte de un proceso de exploración y de introspección natural, incluso frecuente a esa edad, sin que eso suponga un motivo de depresión o de malestar.

Pecado no confesado…

Observamos que la muestra presenta otras limitaciones más o menos molestas.

El estudio se centra en niveles de escolarización y no en franjas de edad. Por lo tanto no tiene en cuenta a los alumnos precoces (que se hayan saltado uno o varios cursos) ni sobre todo a los repetidores. Sin embargo sabemos que un simple año puede engendrar considerables diferencias de la percepción en la vida de un adolescente.

Las principales carencias del estudio tienen que ver con la cuestión estadística. Los investigadores reconocen no haber efectuado ningún muestreo previo. Como la representatividad de la muestra final hizo aparecer una sobre representación de negros e hispanos, hubo que corregir los resultados.

Dicha corrección no se efectuó sobre la repartición por sexo. Nos encontramos así con una muestra de análisis con fuerte desequilibrio de género, con un 56 % de chicos y un 44 % de chicas.

El aspecto cuantitativo de la muestra final solo incluye a 194 alumnos que se consideran gais o lesbianas y a 311 que presentan una discordancia de la orientación sexual. Sabiendo que el estudio incluye los 50 estados más el Distrito de Columbia, el valor estadístico y sobre todo la representatividad de los resultados nos parecen demasiado débiles. Esperemos que otros estudios similares, para cada estado o para cada región, arrojen resultados más precisos y fiables.

Advertimos que al cuestionario solo han respondido las personas vivas. Es una obviedad, claro, pero significa que los alumnos que lograron suicidarse no aparecen contabilizados en los resultados del estudio. El riesgo de suicidio real es, por tanto, superior a las cifras obtenidas de un panel de alumnos en estado de responder. Este riesgo es mucho más alto si tenemos en cuenta que solo se han recogido ideas, estrategias e intentos de suicidio a lo largo de los doce meses anteriores, y por tanto no se han contabilizado los comportamientos suicidas más antiguos.

En conclusión

Los investigadores de Atlanta han llevado a cabo un estudio cuyos resultados, por mejorables que parezcan, deberían guiar desde ahora las políticas de educación y de prevención hacia prácticas más inclusivas, en particular con respecto a gais, lesbianas y bisexuales.

El eslabón perdido de este estudio – pero no era esa la temática – tiene que ver con métodos mejor adaptados para la lucha contra la homofobia, un combate esencial, máxime cuando, en los casos más graves, se trata de una cuestión de vida o muerte.

El estudio sobreentiende la importancia crucial de unas estructuras de escucha susceptibles de evitar que los jóvenes que sufren cometan un gesto definitivo y fatal. Igual de determinantes son la salida del armario y la acogida por parte de la familia, los amigos y el entorno escolar. Ahí también falta mucho por hacer – en todo el mundo, no solo en el marco escolar.

Referencias del estudio: Sexual Orientation Discordance and Nonfatal Suicidal Behaviors in U.S. High School Students. Annor, Francis B y otros. American Journal of Preventive Medicine, Vol. 54, sección 4, páginas 530-538.

Love, Simon, de Greg Berlanti

Ya que no debe minimizarse la importancia de la salida del armario, gracias a los medios de comunicación, en particular al cine, podemos informar a los adolescentes de una manera positiva.

Estos días se acaba de estrenar en Estados Unidos una película de Greg Berlanti titulada Love, Simon (aquí arriba, tráiler oficial en inglés) que precisamente habla de la dificultad de salir del armario y de las primeras emociones homoeróticas de un adolescente. Este largometraje cuenta la historia de Simon (Nick Robinson) y de las dificultades que encuentra para asumir su homosexualidad abiertamente.

Un tráiler alternativo, en inglés también:

Aquí debajo, el tráiler en español de Con amor, Simon. En España está previsto su estreno para el mes de junio.

Speak no Evil, de Uzodinma Iweala

Los autores del estudio de Atlanta se han cuidado de no hacer ninguna referencia a la religión. Hablan de « norma social » y de « presión social » como « factores de estrés » que pueden llevar al malestar y amplificarse, en particular entre los adolescentes que presentan una discordancia de la orientación sexual.

Speak no Evil, de Uzodinma Iweala, publicada por HarperCollins.

En su novela Speak no Evil, el escritor americano Uzodinma Iweala cuenta la historia de Niru, hijo de inmigrantes nigerianos, que es el orgullo de sus padres (siempre que siga dentro del armario). Lógico, porque es joven, guapo, deportista, culto y todo apunta a que estudiará en Harvard. Como el narrador, el autor es hijo de inmigrantes nigerianos y estudió en Harvard.

Todo iría bien sin la extrema piedad de sus padres, personas tan devotas que son auténticos fanáticos, movidos además por una homofobia demencial. Para ellos, ser gay supone encarnar el mal absoluto. Cuando descubren la homosexualidad de su hijo, el padre y la madre le bombardean con religiosidad, torturándole con lo que podríamos equiparar a una terapia de conversión.

Aún no hemos leído el libro, pero la historia y el autor parecen dignos de interés.

Philca & carram / MensGo

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