La censura afecta a los libros

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La censura afecta a los libros

[blogMensGo, blog gay del 07-10-2019] Del 22 al 28 de septiembre de 2019 tuvo lugar la Semana de los libros censurados, un evento más conocido por su nombre inglés, Banned Books Week. Y, como ya hablábamos aquí en 2016, todas las excusas son buenas para prohibir libros, sea cual sea el país o el lugar de la prohibición y sea cual sea el contenido de los libros censurados. Numerosas páginas, anglófonas en su mayor parte y concretamente estadounidenses, tratan el tema. Pero casi todas las páginas omiten una nueva forma de censura: la que afecta a las personas encargadas de la lectura.

Hasta los libros más populares han sido censurados, como demuestra esta biblioteca Overdrive de Estados Unidos (captura de pantalla).

Un error de manipulación nos ha hecho perder un largo párrafo, y sobre todo las fuentes que citábamos en él. Nos limitaremos a contar una nueva forma de censura: la lectura de libros por parte de personas consideradas ofensivas. En este caso, se trata de lecturas a niños pequeños por parte de drag-queens. Shocking!, consideraron los defensores de la virtud, padres de alumnos, asociaciones religiosas y demás personas con una mentalidad poco abierta. Y sin embargo a los niños les encanta este tipo de lectura. Para ellos, una lectura por parte de este – tercer – género tiene más de acontecimiento festivo y divertido que de tribuna militante e incómoda.

Salvo que prohibir a las drag-queens leer libros « inofensivos » a niños pequeños equivale, en el mejor de los casos, a algo cruel, y en el peor, a un retraso mental.

Los niños no ven nada malo donde no lo hay, más bien al contrario. Y no es por falta de imaginación, como demuestra esta anécdota contada por una antigua estrella – femenina – del porno en un libro. Esta persona, conocida por sus papeles más o menos fetichistas, decide un día explicar a su hija pequeña que rueda películas « para adultos». Y la madre, con gran sorpresa, se da cuenta de que la pequeña se la imagina interpretando papeles de superheroína en películas de vampiros o de gánsteres.

En todas partes del mundo, como demuestra esta biblioteca de Oceanía (captura de pantalla), los libros son censurados con los pretextos más falaces.

Si nos referimos a la recensión de Robert de los trece libros prohibidos con más frecuencia en Estados Unidos en 2019, advertiremos que ninguno de ellos lo ha sido por escenas o ideas de carácter homosexual. En su lista, los tres motivos principales – al menos en número – para aparecer allí son escenas de sexo (heterosexual), palabras antirreligiosas y – ya que se trata de Estados Unidos, donde reina la hipocresía – el lenguaje grosero o malsonante.

Podremos hacernos una idea un poco más precisa y mundial consultando el mapa de aquí debajo, publicado por el colectivo Global English Editing y recuperado por este artículo de ActuaLitté.

La religión constituye el principal motivo de censura homófoba. ©geediting-com

En 2019, la lista de libros prohibidos en el conjunto de uno o varios países incluía superventas mundiales tales como el Corán (Corea del Norte), la Biblia (Libia, Maldivas) y Los versos satánicos (numerosos países musulmanes). Algunos países prohíben también libros que van en contra de su ideología política, de su « novela nacional » o que recuerdan un poco demasiado a los momentos sombríos de su historia. Es por eso que Mein Kampf sigue estando prohibida en Austria, del mismo modo que los libros que recuerdan el genocidio de los amerindios en Estados Unidos (pero el libro de Sherman Alexie contiene además escenas de sexo y lenguaje poco esmerado) y el de los armenios en Turquía. Tampoco es sorprendente que numerosas obras que hablan de prácticas sexuales consideradas desviadas, en particular la pedofilia y el incesto (Lolita en Argentina) o incluso el fetichismo y el sadomasoquismo (Cincuenta sombras de Grey en Malasia) sufran también las prohibiciones temporales o permanentes, igual que los libros escritos por opositores (Liu Xiaobo en China) o que den lugar a una sátira política demasiado obvia (George Orwell en los Emiratos árabes unidos).

¿Y los libros que hablan de la homosexualidad masculina o femenina? Suponemos que evidentemente nadie sería tan temerario como para publicar o representar una obra como Love! Valour! Compassion! De Terrence McNally en países como Irán o Indonesia.

Salvo estos casos extremos de países que prohíben toda alusión a – o descripción de – la homosexualidad, la mayor parte de las prohibiciones fluctúan según el antojo de los lugares, las épocas, las instituciones y las personas que las dirigen. Es así como Lillian Hellman pudo escribir y representar su pieza The Children's Hour sin dificultad ni censura particular, pero tuvo que reescribir la adaptación cinematográfica homónima de esta pieza que habla sobre un falso rumor de homosexualidad, porque Hollywood – mediante su retrógrado Motion Picture Production Code – prohibía toda alusión a la homosexualidad. Eso tampoco impidió el éxito de su obra maestra The Little Foxes en el teatro ni la película de William Wyler, pese a un trasfondo lésbico flagrante tanto en la obra de teatro como en la película.

Censuran los libros y también sus adaptaciones al cine. ©LettMotif

Sobre la censura de la homosexualidad en el cine podemos consultar el libro Homosexualité, censure et cinéma, que publica LettMotif. Constatamos de entrada que los 15 redactores de este libro de ensayos son todos hombres y que el libro no tiene ni índice ni tabla de contenidos.

La mayor parte de países que antes prohibían las obras consideradas escandalosas o perseguían a sus autores por atentar contra las buenas costumbres, con el paso de las décadas, han adoptado una actitud más conciliadora y han renunciado a los tormentos judiciales. Es por eso que todo el mundo puede leer a John Rechy o a Sarah Waters en Estados Unidos, a Oscar Wilde o a Emma Donoghue en Irlanda, a Pierre Guyotat o a Monique Wittig en Francia, a Alan Hollinghurst o a Virginia Woolf en Reino Unido.

Sin embargo, en esos mismos países, esos mismos autores sufren todavía los dictados de los bibliotecarios, organizaciones de la virtud, políticos y asociaciones más o menos fanáticas, generalmente con motivo de convicciones religiosas. Pero esos dictados toman con frecuencia caminos indirectos: los libros condenados desaparecen subrepticiamente de las estanterías o no llegan nunca a las listas de compras oficiales; de este modo, una amiga documentalista en un célebre instituto parisino debe someter su lista de compra de libros a la directora del centro, que veta sistemáticamente toda obra o título potencialmente relativo a la homosexualidad.

¿Por qué censurar? Porque sí. 🙁 ©ala.org

La censura homófoba tiende hoy en día a afectar a los libros para los más pequeños. Los adultos más retrógrados se escandalizan cuando un libro trata del amor que une a dos leones o a dos leonas, a dos pingüinos machos o a dos jirafas hembras, o simplemente a dos personas del mismo sexo. Los homófobos suelen hacer creer que los niños son demasiado pequeños para entender la homosexualidad y que los libros que incluyen aventuras o personajes homosexuales podrían perjudicar su desarrollo psicológico.

Esos defensores de la supuesta virtud solo desaparecerán cuando las mentalidades más estrechas hayan desaparecido también. Su desaparición se verá facilitada por los medios de comunicación si estos últimos no mostraran una complacencia ostensible con respecto a los colectivos y a las personalidades homófobas.

La censura no afecta solo a la literatura o al audiovisual, sino también a las artes escénicas, en particular al teatro y a las comedias musicales. Ahí también, numerosos censores ocupan un puesto estratégico en los centros escolares (docentes, padres de alumnos, responsables de instalaciones o eventos culturales), en los festivales y en las salas de espectáculo públicas o privadas (organización, programación, colaboraciones).

No es de extrañar que la adaptación a las tablas de obras que ya fueron prohibidas en el momento de su publicación en forma de libro constituya un motivo recurrente de censura. En 2009, el libro infantil And Tango Makes Three (Y con Tango son tres) fue prohibido en numerosas bibliotecas de Estados Unidos porque trataba la homosexualidad y la homoparentalidad inspirándose en la historia real de una pareja de pingüinos gays que habían adoptado al pequeño Tango en su zoo. Seis años más tarde, padres de alumnos consiguieron prohibir la representación de una obra de teatro homónima en un centro escolar de Fresno, en California. No cabe duda de que esa misma prohibición afectará a la obra en otros lugares de Estados Unidos.

Temáticas o escenas abiertamente o implícitamente homosexuales siguen motivando la prohibición de ciertos espectáculos pese a su prestigio. De esa forma, en California, padres de alumnos de una escuela católica consiguieron prohibir en 2013 la célebre comedia musical Cabaret, de John Kander y Fred Ebb, con múltiples pretextos, como el carácter « vulgar » del espectáculo y ciertos « comportamientos homosexuales » en la escena. Un año más tarde, en Pensilvania, una escuela no solo impidió la representación de la comedia musical Monty Python's Spamalot a causa de « temáticas homosexuales », sino que también despidió a su profesor de arte dramático por haber protestado contra esa censura.

La lista de los 11 libros más criticados en 2018, establecida por la American Library Association, enumera los casos en los que las obras sufrieron intentos de prohibición o de censura, y los casos en que fueron prohibidas o censuradas aquí o allá dentro del territorio estadounidense. Los tres primeros libros de la lista fueron criticados respectivamente por la inclusión de un personaje transgénero (George de Alex Gino), de « contenidos LGBTQIA+ »(A Day in the Life of Marlon Brando, de Jill Twiss) y de una pareja del mismo sexo (la serie Captain Underpants, de Dav Pilkey). Otros tres libros de la lista fueron criticados por contenidos, personajes o temáticas LGBTQIA+.

Aquí debajo podemos visionar, en orden inverso a la clasificación, los 11 libros que más se intentaron prohibir en 2018 (en Estados Unidos, aunque eso no se dice en el vídeo)...

Por desgracia, podríamos multiplicar los ejemplos hasta el infinito, ya sea en Estados Unidos – donde las organizaciones en defensa de las libertades civiles y de las personas LGBT con frecuencia están mejor estructuradas que en otros lugares – o en otros países. Es una pena que la Banned Books Week solo sea un evento importante en los países anglosajones. Es verdad que en otros países, por ejemplo en Francia, la censura por motivos homófobos es contraria a la ley y los culpables se arriesgan a sanciones tanto penales – poco frecuentes, sí – como civiles.

Por suerte, pocos son los colectivos homófobos que anticipan una de las consecuencias de su militancia reaccionaria: el éxito del escándalo que obtienen las obras censuradas. En la frase “éxito del escándalo” hay escándalo, pero sobre todo hay éxito. Hay que ver el lado positivo.

Philca & carram / MensGo

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