Militancia LGBT: dar un golpe sin errar el blanco, ¡todo un deporte!

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Militancia LGBT: dar un golpe sin errar el blanco, ¡todo un deporte!

[blogMensGo, blog gay del 11-02-2020] Todos los amantes de los clichés lo saben: lo mejor es enemigo de lo bueno y la venganza es un plato que se sirve frío; a falta de lo cual, uno fue a por lana y salió trasquilado. Eso fue lo que sucedió durante el Open de Australia 2020, donde la clásica historia se transformó con una variante tenístico-LGBT. Una historia de tenis con tres cabezas de serie: Margaret Court, Martina Navrátilová y John McEnroe. Donde la virtud perdió un partido sacando la pelota del terreno tras creer que le había marcado un tanto al vicio. Aquí debajo las explicaciones.

John McEnroe y Martina Navrátilová. Pese a las declaraciones ignominiosas de Margaret Court, una jugada a contratiempo, mal concebida y mal ejecutada. © Zoë Reeve / Unsplash

Resumen de los hechos

Resumamos el asunto sin entrar en los detalles; en dos sets ganadores.

Primer set

La antigua jugadora de tenis australiana Margaret Court ostenta el récord de títulos ganados en Grand Chelem, es decir 24 títulos, de los cuales 11 son Open de Australia (también un récord). Margaret Court, la más grande campeona de tenis de todos los tiempos en Australia y quizá en todo el mundo, dio su nombre al Margaret Court Arena de Melbourne en 2003.

Margaret Court ha ganado el primer set.

Segundo set

Desde 2012, las declaraciones virulentas y abiertamente homófobas, de Margaret Court han provocado la indignación. Personalidades han reclamado que el Margaret Court Arena cambie de nombre. Las protestas se han ido amplificando a medida que, bajo el pretexto de las creencias religiosas, Margaret Court intensificaba su bombardeo LGBTfobo antes de celebrarse el referéndum postal sobre el matrimonio homosexual y tras su legalización en Australia. El estadio Court no perdió su nombre, pero la excampeona ha sido desacreditada.

Margaret Court ha perdido el segundo set.

Tercer set

Margaret Court ha exigido que se celebrara el quincuagésimo aniversario de su Grand Chelem australiano, obtenido en 1970, con la misma pompa y solemnidad con que se había celebrado en 2019 el quincuagésimo aniversario del Grand Chelem australiano de su compatriota Rod Laver. En efecto, se celebró una ceremonia solemne y dos invitados de altura, Martina Navrátilová y John McEnroe, aprovecharon la celebración para mostrar una pancarta donde se leía, escrito con puntillismo arcoíris, Evonne Goolagong Arena.

Dicho de otro modo, durante una ceremonia oficial que las instancias del tenis habían reducido a proporciones modestas, grandes glorias del tenis mundial reclamaron que el nombre de una inmensa gloria del tenis australiano fuera reemplazado por el de otra inmensa gloria del tenis australiano. Ese golpe de efecto fue considerado excesivo, obligando a Navrátilová y a McEnroe a presentar sus disculpas.

Juego, set y partido para Margaret Court.

¿Falsa victoria o verdadera derrota?

Martina Navrátilová y John McEnroe no deberían haber perdido jamás el partido frente a Margaret Court; no solo porque son dos y porque son más jóvenes que ella. Han fallado bolas fáciles haciendo un smash cuando habría bastado una simple dejada. Error fatal, tanto por su estupidez como por su falta de psicología. Un verdadero error de principiante, indigno del alto nivel profesional y deportivo.

Entendemos bien que Martina Navrátilová haya querido vengarse así de las ignominias que Margaret Court le había proferido antaño. Como esta de aquí, que recuerda Wikipedia:

[Martina Navrátilová], a great player but I’d like someone at the top who[m] the younger players can look up to. It’s very sad for children to be exposed to homosexuality[…].
[Martina Navrátilová], una gran jugadora, pero preferiría tener en lo alto a alguien a quien los jóvenes puedan respetar. Es muy triste para los niños estar expuestos a la homosexualidad […].
Margaret Court, 1990

Comprendemos perfectamente el resentimiento de Navrátilová, pero su happening con McEnroe ha resultado ser contraproducente.

Psicológicamente, fue una estupidez exigir el cambio de nombre de un recinto deportivo en el momento en el que estaban honrando a la persona que le había dado su nombre. Las instancias deportivas se habían resistido a organizar la celebración y después la limitaron a un protocolo vagamente minimalista.

Repetir el partido

Habría sido más razonable – y mediáticamente más productivo – utilizar la ironía y la burla que recurrir al combate frontal sin discernimiento.

¿Cómo hacerlo? Bastante fácil.

Primero, regalar adornos arcoíris a las personas de las gradas. Paraguas arcoíris, conjuntos de drag-queen, el nombre de Margaret Court escrito letra por letra en los vestidos del público con los colores LGBT+. Catorce personas habrían bastado para formar una cadena M-A-R-G-A-R-E-TC-O-U-R-T con una bandera o una camiseta arcoíris entre el nombre y el apellido.

Segundo, hacer pronunciar los discursos y entregar las medallas y demás baratijas a antiguas glorias del tenis que asumen alto y claro su homosexualidad. Por ejemplo Martina Navrátilová. O Billie Jean King (que salió del armario justo antes que Martina, creemos), un icono de la militancia LGBT al que la vieja australiana Court habría tenido que besar ante las cámaras de todo el mundo.

Tercero, finalizar la ceremonia con un gran baile LGBT, los chicos con los chicos y las chicas con las chicas.

Cuarto, pronunciar discursos multiplicando las alusiones pérfidas a la tontería de ciertas personas, sea cual sea su palmarés en el tenis.

La exposición de una escena de confrontación, tan fuerte o violenta como sea, solo capta la atención del público y de los medios durante poco tiempo. Un conflicto ahuyenta al otro. Pero cuando se trata del matrimonio (homosexual), de la ironía y del humor, sin duda los medios y el público piden más. El happening Navrátilová-McEnroe solo duró el tiempo de una foto, de un boletín radiofónico o de un telediario. Un método más sutil de humillación para esa vieja homófoba habría podido hacerse viral en las redes sociales y habría dejado una huella más duradera, incluso entre los más homófobos.

Un ejemplo sutil de humillación

Del 30 de enero al 2 de febrero de 2020 se celebraba el Festival del cómic de Angoulême. El presidente francés Emmanuel Macron aprovechó su presencia en la 47ª edición del festival para comer con los autores e ilustradores de cómic (BD). Le salió el tiro por la culata.

¿Quién es más astuto, Jul o Macron?

Justo después del almuerzo, el dibujante Jul y el presidente Macron inmortalizaron el evento sujetando juntos una camiseta donde la inscripción BD 2020 iba precedida de una letra roja sangre L, bajo un dibujo que representaba a un animal herido para la ocasión. Dicho de otro modo, el gatito que ilustraba el salón del cómic 2020 se transformó en víctima del LBD, siglas de “lanzador de bolas defensivas”, un aparato que simboliza para muchos cierta violencia policial y los abusos que practican ciertas autoridades policiales o militares.

El jefe del Estado, posando en compañía de un autor emblemático, se vio alzando el símbolo de una represión que sus opositores afirman que está teledirigida desde lo alto. Jul no puso en duda el estatus presidencial de Macron, contrariamente a Navrátilová y McEnroe, que negaron a Court su estatus de campeona. Pero Navrátilová y McEnroe encallaron estrepitosamente en su intento de secesión, mientras que Jul se burló abiertamente de Macron con la complicidad involuntaria del propio Macron.

Parece que Macron estaba al corriente de lo que tenía en la mano y que no se dejó engañar por nadie. Al menos eso fue lo que afirmó a posteriori. Pero, a decir verdad, poco importa. La manera de proceder de Jul fue mucho más astuta que la de Navrátilová y McEnroe, manifiestamente más inspirados en la cancha que fuera de ella.

John McEnroe ya se había burlado de Margaret Court de manera más inteligente que en enero de 2020. fue en junio de 2017 con motivo de una crónica tan divertida como irónica. La prueba en el siguiente vídeo:

En conclusión

No negamos que un pequeño happening esté bien de vez en cuando, pero creemos que la protesta elegante suele ser más persuasiva que la ostentación a lo loco. No se nos ocurriría privar a esta homófoba de Margaret Court de sus títulos y de las recompensas que merecen, ni de prohibir la publicación de los libros de pedófilos como Tony Duvert y Gabriel Matzneff, ni de quemar las novelas de colaboracionistas como Sachs, Rebatet o Drieu La Rochelle. Podemos recompensar las victorias y publicar los escritos de una persona indicando también que esa personas es tan honorable como despreciable: mediante alusiones irónicas o sarcásticas en el cuadro de un discurso, mediante prefacios o secciones críticas en el marco de un libro, mediante banderas antes o durante la emisión en directo o en diferido.

Pero, en contrapartida de esta libertad de expresión, conviene establecer guardafuegos susceptibles de castigar cualquier palabra, escrito o acto reprensible con respecto a la ley. Por eso creemos – aunque ambas estrategias tengan su importancia – que más vale centrarse en la lucha por la igualdad de derechos y contra la discriminación que en los ataques ad hominem contra los fanáticos, por mediáticos que sean.

Por eso hay que luchar sobre todo para que la ley considere la LGBTfobia en los mismo términos que el racismo, el antisemitismo o la xenofobia, como auténticos delitos y, a priori, como circunstancias agravantes de un crimen o delito, de una agresión física o verbal, de injuria o de difamación.

Por muy ilustre campeona que sea, Margaret Court debería responder de sus ofensas y de sus provocaciones homófobas no ante la élite del tenis, sino ante un tribunal. Para eso primero tendría que permitirlo la ley australiana y, llegado el caso, aplicarlo sin prebendas.

Philca & carram / MensGo

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